martes, 31 de julio de 2012

Cantar disminuye los dolores de parto

El embarazo es una etapa muy hermosa en la vida de muchas mujeres, pero al acercarse el día del parto comienzan los temores, tanto sobre la salud del bebé y sobre cómo será la labor de alumbramiento. Hoy te explicamos cómo cantar disminuye los dolores de parto.

Últimamente han salido a la luz varios métodos que permiten a las mujeres dar a luz con el menor dolor posible, desde los cursos profilácticos en el que enseñan métodos de relajación hasta partos bajo el agua se incluyen en el abanico de posibilidades para un alumbramiento menos traumático para la mujer.

Sin embargo, muchas veces durante el parto se olvidan todas las recomendaciones y se sufren excesivamente los dolores; los médicos han explorado una nueva herramienta: el canto, indican que cantar durante la labor de parto disminuye significativamente los dolores.


Se basa en métodos de la cultura de la India y Marruecos, que indican que la fuerza con la que se usan las cuerdas vocales para producir sonidos vibratorios puede causar una sedación que disminuye el dolor.

Los médicos han encontrado que con este método se producen endorfinas que calman el dolor; también, la embarazada al relajar el diafragma y trabajar con los músculos respiratorios consigue relajación.

Hay que notar que cantar no es lo mismo que gritar, se ha indicado que el encontrar la melodía correcta se puede convertir en un lazo de reconocimiento entre el bebé y la madre.

Así que si estás cerca de dar a luz es hora que comiences a practicar tus melodías preferidas y te relajes (a la vez que deleitas a los doctores) durante el parto.


Fuente: Otra Medicina






Fuente: Otra Medicina

lunes, 30 de julio de 2012

¿Yo Malcrio?


EXELENTE ARTICULO DE VIOLETA VAZQUEZ,  MI PROFESORA DE PUERICULTURA.
La mayoría de los niños que parecen estar haciendo un retroceso en su aprendizaje están a punto de dar un gran paso. Toman carrera, se preparan e intuyen.
Quien tuvo la oportunidad de ver un parto fisiológico sabe que durante el expulsivo la cabecita parece entrar y salir con cada contracción.
Todo el movimiento de la vida es bifásico y circular: expansión y contracción. Así respiramos, así intercambiamos, así morimos, así nacemos. Es la noche la que posibilita la génesis del día, y es el invierno donde nace el verano.
¿Cómo hacer entonces para imponer rutinas a nuestras hijos? ¿Cómo pretender que avancen y aprendan como adultos adiestrados, linealmente?. Los niños son pura energía, porque están tan cerca del portal muerte-nacimiento que la energía aún no a tomado forma, vibra muy alto y la calidad de percepción es rigurosa. ¡Cuanto nos servirían a los adultos los poderes brujos de los niños!
Los bebés no necesitan aprender, los adultos necesitan enseñar. Los bebés no necesitan rutinas diarias porque sus ciclos fisiológicos se repiten muchas veces a lo largo de un día calendario. Los adultos necesitamos rutinas para organizarnos, vivir en sociedad, hacer identidad, ubicarnos, asegurarnos.
Los niños pueden ser egoístas, solidarios y pacifistas al mismo tiempo. Los niños pueden esperar la atención de un otro más que cualquier adulto, y nunca se rinden.
Tengo una receta muy simple a todas las enfermedades y los berrinches de los bebés: upa y teta 24 hs seguidas. Es la receta más difícil de lograr pero la que más me dio resultado. La madre se rinde ante el bebé, se entrega, ya no pelea por sus espacios y sus tiempos...y parece que el bebé hace lo mismo. Y ambos se llenan, el uno del otro, quedan satisfechos de mimos, y ya pueden alejarse un poco sin miedo y sin ansiedad. ¿Por qué los niños van a acostumbrarse a los brazos si los adultos aunque pudiéramos hacer el amor 24 hs seguidas no lo hacemos? No lo hacemos porque la libido fluye y la tensión se alivia.
No creo que ni las reglas ni las rutinas sean malas ni crueles, creo que si parten de una necesidad genuina de los padres, se pueden hacer planes conductivos para “lograr que pepito...” pero no para “enseñarle a pepito”. Porque pepito aprende solo, cuando está listo. Lo mismo que sus padres en esta Escuela para Padres que es la Vida.
No creo en la culpa, con la culpa creemos que debemos algo y que podemos compensarlo. Y no se trata de devolverle nada a nadie. Ni de recuperar el “tiempo perdido”. La culpa no nos permite la humildad de creer en el sentido de las cosas, en la calidad del tiempo, cuándo un momento es apto para algo porque hay resonancia y cuándo no.
Sólo quiero destacar que los padres que no se han embanderado en ningún tipo de crianza ni han depositado el saber afuera, haciendo según su cultura, y su naturaleza han sido padres felices y presentes. Sus hijos ya nos dirán en unos años.
Violeta Vazquez
-Coordinadora de PanzayCrianza: Escuela de Puericultura- Profesionales en Lactancia y Familia

domingo, 29 de julio de 2012

La lactancia salvaje por Laura Gutman


La mayoría de las madres que consultamos por dificultades en la lactancia estamos preocupadas por saber cómo hacer las cosas correctamente, en lugar de buscar el silencio interior, las raíces profundas, los vestigios de femineidad y apoyo efectivo por parte de los individuos o las comunidades que favorezcan el encuentro con su esencia personal.



La lactancia es manifestación pura de nuestros aspectos más terrenales y salvajes que responden a la memoria filogenética de nuestra especie. Para dar de mamar sólo necesitamos pasar casi todo el tiempo desnudas, sin largar a nuestra cría, inmersas en un tiempo fuera del tiempo, sin intelecto ni elaboración de pensamientos, sin necesidad de defenderse de nada ni de nadie, sino solamente sumergidas en un espacio imaginario e invisible para los demás.



Eso es dar de mamar. Es dejar aflorar nuestros rincones ancestralemente olvidados o negados, nuestros instintos animales que surgen sin imaginar que anidaban en nuestro interior. Es dejarse llevar por la sorpresa de vernos lamer a nuestros bebés, de oler la frescura de su sangre, de chorrear entre un cuerpo y otro, de convertirse en cuerpo y fluidos danzantes.



Dar de mamar es despojarse de las mentiras que nos hemos contado toda la vida sobre quienes somos o quienes deberíamos ser. Es estar desprolijas, poderosas, hambrientas, como lobas, como leonas, como tigresas, como canguras, como gatas. Muy relacionadas con las mamíferas de otras especies en su total apego hacia la cría, descuidando al resto de la comunidad, pero milimétricamente atentas a las necesidades del recién nacido.



Deleitadas con el milagro, tratando de reconocer que fuimos nosotras las que lo hicimos posible, y reencontrándonos con lo que haya de sublime. Es una experiencia mística si nos permitimos que así sea.



Esto es todo lo que necesitamos para poder dar de mamar a un hijo. Ni métodos, ni horarios, ni consejos, ni relojes, ni cursos. Pero sí apoyo, contención y confianza  de otros (marido, red de mujeres, sociedad, ámbito social) para ser sí misma más que nunca. Sólo permiso para ser lo que queremos, hacer lo que queremos, y dejarse llevar por la locura de lo salvaje.



Esto es posible si se comprende que la psicología femenina incluye este profundo arraigo a la madre-tierra, que el ser una con la naturaleza es intrínseco al ser esencial de la mujer, y que si este aspecto no se pone de manifiesto, la lactancia simplemente no fluye. No somos tan diferentes a los ríos, a los volcanes, a los bosques. Sólo es necesario preservarlos de los ataques.



Las mujeres que deseamos amamantar tenemos el desafío de no alejarnos desmedidamente de nuestros instintos salvajes. Lamentablemente solemos razonar y leer libros de puericultura, y de esta manera perdemos el eje entre tantos consejos supuestamente “profesionales”.



La insistencia social y en algunos casos las sugerencias médicas y psicológicas que insisten en que las madres nos separemos de los bebés, desactiva la animalidad de la lactancia. Posiblemente la situación que más depreda y devasta la confianza que las madres tenemos en nuestros propios recursos internos, es esta creencia de que los bebés se van a malacostrumbrar si pasan demasiado tiempo en nuestros brazos. La separación física a la que nos sometemos como díada entorpece la fluidez de la lactancia. Los bebés occidentales duermen en los moisés o en los cochecitos o en sus cunas demasiadas horas. Esta conducta sencillamente atenta contra la lactancia. Porque dar de mamar es una actividad corporal y energética constante. Es como un río que no puede parar de fluir:  si lo bloqueamos, desvía su caudal.



Contrariamente a lo que se supone, los bebés deberían ser cargados por sus madres todo el tiempo, incluso y sobre todo cuando duermen. Porque se alimentan también de calor, brazos, ternura, contacto corporal, olor, ritmo cardíaco, transpiración  y perfume. La leche fluye si el cuerpo está permanentemente disponible. La lactancia no es un tema aparte. O estamos madre y bebé compenetrados, fusionados y entremezclados, o no lo estamos. Por eso, dar de mamar equivale a tener al bebé a upa, todo el tiempo que sea posible. No hay motivos para separar al bebé de nuestro cuerpo, salvo para cumplir con poquísimas necesidades personales. La lactancia es cuerpo, es silencio, es conexión con el submundo invisible, es fusión emocional, es entrega.



Dar de mamar es posible si dejamos de atender las reglas, los horarios, las indicaciones lógicas y si estamos dispuestas a sumergirnos en este tiempo sin tiempo ni formas ni bordes.  También si nos despojamos de tantas sillitas, cochecitos y mueblería infantil, ya que un pañuelo atado a nuestro cuerpo es suficiente para ayudar a los brazos y las espaldas cansadas. Incluso si trabajamos, incluso si hay horas durante el día en que no tenemos la opción de permanecer con nuestros bebés, tenemos la posibilidad de cargarlos en brazos todo el tiempo que estemos en contacto con ellos.



Es verdad que hay que volverse un poco loca para maternar. Esa locura nos habilita para entrar en contacto con los aspectos más genuinos, inabordables, despojados, salvajes, impresentables, sangrantes de nuestro ser femenino. Así las cosas, que nos acompañe quien quiera y quien sea capaz de no asustarse de la potencia animal que ruge desde nuestras entrañas.